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    Hola, José.
    Está muy bien que hayas derivado por un momento a la religión católica. Porque marca los límites que no se deben franquear.
    La mente humana tiene impulsos tribales, irracionales, de exaltación emocional, de fijación sicosexual, de adoración a lo desconocido, de ritualización de las acciones, etcétera. No entro en si estos impulsos resultan en sí buenos o malos, pero es evidente que no son impulsos que lleven al conocimiento científico objetivo.
    Desde el tristemente célebre episodio de Galileo con la Inquisición, queda claro que la ciencia se ocupa de verdades empíricas relacionadas por cadenas causales, sin que las conclusiones de esas verdades empíricas dependan de posturas políticas, anhelos nacionales, símbolos religiosos, conveniencias económicas, etcétera. A menudo, las conclusiones científicas contradicen el buen concepto que de sí misma tiene la especie humana, o arraigadísimas supersticiones, etcétera. Pero eso no las invalida.
    En la seudolingüística aparece con frecuencia un concepto equivalente a lo que, en la seudomedicina, se llama "la degeneración por homosexualidad". Ha sido frecuente alegar, contra la homosexualidad, que los actos homosexuales causan ceguera, parálisis, furor, atontamiento, etcétera. Independientemente del juicio moral que se tenga sobre la homosexualidad, ¿qué dice la práctica experimental? Sencillamente, que no hay nada de eso; que los actos homosexuales no son por sí mismos causa de ninguna enfermedad. Eso no hará callar a los alegadores del carácter enfermizo de la homosexualidad, porque su alegación es, generalmente, una alegación de carácter mítico, no una objeción médica científica objetivamente fundada, como la objeción al consumo de tabaco, éste sí bien conocido como un producto que degenera al organismo: un peligroso tóxico.
    El concepto equivalente, en seudolingüística, es el que tú mismo mencionas abajo: "No obstante, sigo pensando que debe existir algún centro o base que unifique al idioma, puesto que resulta impensable (y creo que imposible) que dos personas sepan de qué se está hablando si cada una usa un nombre distinto (aunque sea con ligeras variaciones) para referirse a un objeto.". O sea, la vieja creencia de que, sin una instancia unificadora, las lenguas degeneran hasta la incomprensión.
    Pero, ¿qué dicen los datos lingüísticos, aparte del juicio moral sobre si la desaparición de ciertas formas lingüísticas, como el latín de Cicerón, es buena o mala? Pues sencillamente no encuentran nada de eso. No hay (que sepamos) ni un solo caso de una comunidad de hablantes en la que el cambio lingüístico, por intenso y rápido que haya sido, haya bloqueado seriamente la comprensión entre los hablantes de esa comunidad.
    Es cierto que los hablantes de otras comunidades lingüísticas frecuentemente encontrarán difícil o imposible comunicarse con hablantes de alguna comunidad lingüística que investiguemos, pero eso no se debe a que la lengua "degenere" en alguna comunidad lingüística, sino simplemente a que se trata de comunidades lingüísticas. Persiste el hecho empírico, no refutado hasta ahora por pruebas en contra, de que quienes se comunican oralmente de modo continuo jamás dejan de hacerlo por fuertes y rápidos que sean los cambios en el sistema oral (habla) que utilicen.
    La conclusión empírica es ésta: no hace falta ningún centro que unifique al idioma para que sus hablantes se entiendan entre sí.
    Las comunidades de hablantes formadas a partir del antiguo latín se entendieron internamente siempre, o sea que el latín no "degeneró". Así que no confundamos dos cosas bien diferentes: la existencia y la formación de sistemas verbales mutuamente ininteligibles (las lenguas), hecho bien demostrado experimentalmente, y la presunta ininteligibilidad sobrevenida dentro de los hablantes de un mismo sistema verbal por "descuido de la forma correcta", "pereza" o "anarquía". A pesar de la montaña de datos etnolingüísticos que hoy manejamos los lingüistas, datos con miles de años de antigüedad y con extensión por la mayoría del territorio habitado por hombres, no hemos encontrado ni un solo caso de tal ininteligibilidad sobrevenida. Por tanto, se trata de una opinión desautorizada experimentalmente. Pero eso no hará callar a los alegadores del carácter nocivo del cambio lingüístico sin centro unificador, porque su alegación es generalmente, una alegación de carácter mítico, ligada a un presunto pasado de lengua esplendorosa que la incuria humana perdió o puede llegar a perder.
    Lo decisivo para poder comunicarse es la existencia de comunidades lingüísticas reales, nunca los procesos de cambio lingüístico dentro de cada comunidad o la actividad de una severa policía lingüística. En el mundo árabe hay varias comunidades lingüísticas, y por eso el famoso árabe "clásico" nunca ha servido, desde hace siglos, para que los hablantes de una comunidad lingüística arabófona se comuniquen con otros. En caso opuesto, la secular (y feliz, añado por mi cuenta) inexistencia de academia alguna del gallego nunca ha impedido seriamente la comunicación de los gallegos en gallego, porque había ahí, y sigue habiendo, una comunidad lingüística real. Por cierto que el gallego cambió y sigue cambiando continuamente; la lengua medieval es claramente diferente al gallego del siglo XIX, pero eso nunca impidió a los hablantes de gallego del siglo XIX comunicarse entre sí.
    Todo esto cae muy mal a los académicos de la lengua, ya lo sé, pero la ciencia es la ciencia, caiga quien caiga.
    Empíricamente, pues, lo decisivo es la existencia de una comunidad lingüística.
    El tino posee una comunidad lingüística.
    Los hablantes de tino están interesados en comunicarse internacionalmente de modo fácil.
    Mientras lo estén, seguirá habiendo una comunidad lingüística tinófona.
    Y mientras siga existiendo esa comunidad, los cambios, por intensos y rápidos que sean, nunca impedirán seriamente la comunicación. Si un arabófono introduce en el tino arabismos que son aceptados, formarán parte del acervo común del tino, y si no son aceptados, rápidamente ese arabófono encontrará otras formas de entenderse en tino.
    Los cambios en nuestra lengua no nos inquietan. Los tinófonos siempre nos comunicaremos en nuestra lengua, por mucho que ésta cambie. Y no necesitamos ningún fundamento intocable del tino.
    Ya que estoy en una lista de ido, aprovecho para hacer una sugerencia: ¿queréis los idistas introducir rasgos del ido en el tino? Pues podéis hacerlo tranquilamente, y no por ello dejaréis de entenderos en tino con los otros hablantes de tino.
    Cordialmente, de Alexandre.

    ----- Mensaje original -----

    De: José M. López 
    Hola Alejandro,
     He de tener en cuenta las dos opiniones: la tuya y la de Ricardo. Comprendo ambas posturas y considero razonable lo que dices, aunque, como te digo, tendría que hablar más con Ricardo sobre el tema (porque tu opinión creo que está clara).
     He tenido ocasión de hablar con algunos esperantistas y se han mostrado con un cierto aire de superioridad (no sé si me entiendes...). Creo que tienes razón cuando dices que algunos (no sé si la mayoría) entienden el esperanto como algo más que un simple vehículo de comunicación (lo cual, es muy contrario a lo que se pretende con cualquier lengua auxiliar o, al menos, no es lo que yo pretendo cuando uso el Ido).

     Sobre el tino he de decirte que me parece interesante esa lengua. La verdad es que sigo con interés su evolución, puesto que es similar a un experimento científico en el sentido de que evoluciona por sí mismo (algo así como la selección natural de las especies). No obstante, sigo pensando que debe existir algún centro o base que unifique al idioma, puesto que resulta impensable (y creo que imposible) que dos personas sepan de qué se está hablando si cada una usa un nombre distinto (aunque sea con ligeras variaciones) para referirse a un objeto. Por ejemplo, si alguien llama a un casa como "domo" y otro la llama "homo" y otro "casa", etc. no entiendo cómo es posible llegar a entender el mismo concepto. De hecho, lo que sucede en vuestra lengua es un proceso de dialectización en el que, al ser pocos hablantes, no existe gran dificultad. Sin embargo, si, por ejemplo, la empezase a usar un marroquí, probablemente le gustaría formar palabras de la forma que se hace en árabe. Y, evidentemente, eso eliminaría toda posibilidad de comunicación.
    La idea de adoptar una reforma si es útil, es decir, si facilita la comunicación, es interesante a priori. Sin embargo, está claro que en algún momento habrá
algo que le resulte a alguien más cómodo que a otro y el problema es determinar cuál de los dos lleva razón (por ejemplo, a un árabe le puede resultar mucho más fácil formar palabras al estilo de su idioma materno, lo cual es completamente razonable).
     No sé si entiendes a lo que me refiero.
     Piensa que incluso en el Linux existe un núcleo (kernel) que es común a todas las distribuciones de Linux (RedHat, Caldera, Suse, etc.) y eso es algo que está claro que evoluciona, pero evoluciona de común acuerdo entre todos. Es decir, que todos deben "ceder" algo en sus pretensiones. Digamos que debe haber una base, un elemento a partir del cual se pueda trabajar. Con todo, incluso con la gran compatibilidad existente entre distribuciones, es cierto que existen diferencias e
incompatibilidades (aunque es cierto que son pocas).
     En el caso del tino, incluso vosotros seguís un núcleo o fundamento con el que podéis comunicaros. Si no existiese, sería imposible entenderse. Por ello, creo que debe fijarse, al menos, algo sobre lo que trabajar y después ir añadiendo palabras o expresiones, pero a riesgo de que se dificulte la comprensión para aquellos que no tengan la capacidad de aprender los cambios tan rápidamente.

     Sobre la propuesta del nuevo volapuque te puedo decir lo mismo que con el tino: en algún momento se deberá fijar un fundamento que sea intocable o
prácticamente intocable. Algo así como lo que sucede con la Iglesia Católica que sólo puede aceptar cambios cuando todos los creyentes los acepten: de ahí que el uso de preservativos no esté directamente aceptado, pero sí indirectamente (de hecho, conozco a un sacerdote que, en privado, defiende el uso de preservativos y, es más, comenta que es algo comúnmente aceptado hoy día). Sin embargo, ese cambio de mentalidad deben aceptarlo todos los creyentes y eso no es fácil ni rápido. Espero que no se desvíe el tema hacia la Iglesia... :-). Os animo a seguir trabajando en esa línea, pero yo seguiré trabajando en la línea del Ido que creo que es la que más posibilidades posee. En cualquier caso, vuelvo a reiterar que si el volapuque reformado que vosotros estáis creando o el tino es aceptado internacionalmente, lo aprenderé de muy buen grado.
     Saludos!